19/10/2012
TESTEMUNHO
de Pais que participaram nas
Oficinas de Pais
Como é que eu
me sinto perante a sociedade por ter um filho com deficiência?
Ter um filho diferente neste mundo de
iguais
É sentir vergonha que desvanece
É discriminar e ser discriminado
É atirar para longe queixumes
É um arregaçar de mangas constante
É mostrar os dentes e rugir
Abrir cabeças e deixar legados
É chorar sozinha num mundo cheio de
gente
É ter raiva, é estrebuchar
Querer bater, arrancar cabelos
É um exigir constante e saturante num
mundo de
coisas erradas
É sentir culpa, culpa, culpa
É estar zangada com todos e consigo
Por se zangar,
É não querer ser lamentado
é mudar, é crescer
tornar-se melhor,
procurar um caminho
Apaziguar,
É estar-se a borrifar
Ignorando o dedo que aponta
É sentir a força
Querer ser capaz de mover o mundo
É ter esperança e confiança
Na MUDANÇA da nossa sociedade!
TESTEMUNHO
de Pais que
participaram nas Oficinas de Pais
Aceitar
Aceitar não é resignar mas sim lutar
até à exaustão, é querer sempre mais….
Aceitar é confrontar os dois “EUS”
numa luta
incansável entre a dor e o amor. É um
longo
e tortuoso caminho que merece ser
percorrido
pois no topo nos espera a Paz, a
Tranquilidade,
a Serenidade e o Equilíbrio.
Aceitar tem cor, aceitar é o
arco-íris.
É amarelo-torrado e quente como o
sol.
É verde de esperança.
É vermelho, intenso como o sangue.
E, é também cinzento na sua corrida
alternada
entre a luz branca da lua e a noite
negra.
Aceitar é a viagem até às profundezas
do “EU”,
é olhar para o mar calmo ou durante
uma
tempestade e ver apenas uma gota
salgada
ou contemplá-lo na sua imensidão em
que
a pequenez somos nós. É a barragem,
a fronteira que nos distingue e nos
une.
Aceitar também tem cheiro. Cheira a
terra
molhada, cheira a infância e a
estival alentejano
e cheira também a montanha a qual
insistimos
escalar com orgulho, força, respeito
e dignidade.
Aceitar não tem definição, é o nosso
caminho,
é o nosso lugar no mundo, é a nossa
luta
e é acima de tudo AMAR, profunda
e incondicionalmente.
17/10/2012
Os meus sentimentos reflectem-se neste testemunho:
Paula Ferreira
Todos nós temos na vida familiares, amigos, companheiros que
estão ali para partilhar connosco os momentos mais felizes da nossa vida, e
alguns tristes também.
Num aniversário, partilhamos mais um ano de vida, com votos de
muitas felicidades. Na entrada de um ano novo, partilhamos o desejo de paz,
amor, saúde e um mundo melhor para todos. Quando nos casamos, partilhamos esse
momento com todos os que acreditam no nosso amor e que seremos felizes para
sempre. Quando ficamos grávidas partilhamos a extrema felicidade do milagre da
vida.
Quando um filho tão desejado chega e nos deparamos com a dura
realidade de que ele é diferente, partilhamos a realidade dos factos sozinhos.
Não se consegue encontrar ninguém com quem partilhar o abismo
que está à nossa frente…, a dor que se sente…, as dúvidas que se tem…, o peso
do mundo que caiu em cima de nós…Não conseguimos encontrar ninguém que nos
ajude a sair daquelas areias movediças que é a incerteza do futuro, que nos
ajude a abrir portas ou que nos dê o ombro amigo para chorar, quando as portas
se fecham.
Quando me inscrevi no Pais em Rede, de imediato fui contactada
por alguém que estava interessada em saber mais pormenores da minha história.
Logo no primeiro encontro, percebi que estava a falar com alguém que percebia a
minha linguagem.
Pela primeira vez, falei com alguém que compreendia o que eu
dizia, que sentia aquilo que eu sentia, que já chorou aquilo que eu chorei, e o
mais importante de tudo, mostrou-se interessada em ajudar no que pudesse,
fazendo-me ver que agora já não estava mais sozinha.
A sociedade em que vivemos não está preparada para receber os
nossos filhos, porque eles são muito, mas muito especiais, e a sensação que eu
tinha era de que travava uma batalha completamente sozinha, contra essa
sociedade cheia de preconceitos, barreiras e portas que se fecham a todos os
que são diferentes.
Agora, com o Pais em Rede sei que existe alguém a lutar ao meu
lado, e mesmo que não dê frutos imediatos, só de saber que do outro lado da
linha está alguém que vai tomar um café comigo e me vai ouvir, compreender, e
dar o ombro para eu chorar, já valeu a pena.
Paula Ferreira, mãe de uma menina linda com ENCEFALOPATIA EPILÉPTICA
MIOCLÕNICA PRECOCE DO LACTENTE SINDROME DE OHTAHARA
e também neste :
16/10/2012
Una vida diferente
Posted: October 15, 2012 in Uncategorized
1
Muchas veces nuestros amigos nos preguntan: ¿Y cómo es el día a día de Xergio? ¿Es un niño normal? ¿Qué limitaciones tiene?
Lamentablemente no lo es.
Voy a usar un par de fotos que me ha dejado Karina, la mamá de Natasha para explicar cómo es nuestra vida. Una vida diferente.
Aquí podéis ver a Natasha ayer domingo en el parque. Parece una niña feliz y contenta en el balancín, ¿verdad? Hay algo que llama la atención: lleva unas gafas de sol.
Las gafas de sol no son por algo estético, ni para protegerla de los rayos UV ni siquiera para que el sol no la moleste. Son gafas para evitar que tenga mioclonías. Las mioclonías son crisis muy breves que se suelen manifestar en los párpados o en los brazos como ligeras sacudidas. Normalmente son reflejas, es decir, hay algo que las produce, en los niños con Síndrome de Dravet el sol, los cambios de luz, las luces parpadeantes o simplemente el paso de la luz por las hojas de los árboles las pueden producir. Además si no se para el estímulo se puede producir una crisis generalizada, que necesitará tratamiento para que pare. Por eso Natasha lleva las gafas de sol.
Además la falta de sentido del temor o de miedo hacen que los niños nos sean conscientes del peligro. Estos niños se pasan todo el rato en el parque subiéndose a los columpios en las zonas peligrosas, se pueden acercar a un perro ladrando y meter la mano en la boca sin ningún miedo. Por no decir que pueden irse con cualquier extraño que les de la mano.
Karina seguro que tomó esta foto con todos estos miedos presentes. Imaginaros la angustia de estar en el parque y estar pendiente de todos estos peligros. Los padres no dejamos de observa a los pequeños. Es imposible disfrutar del momento o de tener una conversación con alguien. Somos vigilantes perpetuos.
Y lo peor de todo es que un ambiente tan estimulante, con tantos factores de riesgo, es un calda de cultivo para las crisis. Todos los padres hemos tenido una en un parque. El Síndrome nos ataca en los lugares donde somos más vulnerables.
Eso paso el domingo con Natasha. Tuvo una crisis un minuto después de la primera foto.
Las mesas de picnic suelen ser los lugares donde te tomas la merienda, un bocadillo o un sándwich. Pero también puede ser una camilla improvisada. Natasha tiene colocada una mascarilla de oxígeno. Cuando sobreviene una crisis hay un aumento de la frecuencia cardiaca y problemas de ventilación. La saturación de oxígeno baja y puede ser un factor de riesgo. Los padres de Natasha van a todos los lados con la botella de oxígeno, los medicamentos de rescate para las crisis, un termómetro, un pulsioxímetro, antiinflamatorios, antitérmicos y alguna cosa más. Todo un equipo médico ambulante.
Cuando salgáis al parque con vuestros pequeños, preocupados si vuelven con la ropa sucia, si no se han comido la merienda o si tienen una pequeña herida, disfrutad del momento. Ver a los niños disfrutar sin temores, descubriendo el mundo sin miedos es un regalo que el día a día quizás no os deje saborearlo en su justa medida.
Pensad que hay otros padres para los que salir al parque es un acto de valentía infinita. Y sólo lo hacemos por intentar normalizar una vida que no es para nada normal.
Gracias Karina y Daniel por dejarme usar las fotos de Natasha. Natasha es una niña de tres años que vive en Atlanta (Estados Unidos) que tiene Síndrome de Dravet. Sus padres son increíbles, como todos los padres de niños con Síndrome de Dravet.
Lamentablemente no lo es.
Voy a usar un par de fotos que me ha dejado Karina, la mamá de Natasha para explicar cómo es nuestra vida. Una vida diferente.
Las gafas de sol no son por algo estético, ni para protegerla de los rayos UV ni siquiera para que el sol no la moleste. Son gafas para evitar que tenga mioclonías. Las mioclonías son crisis muy breves que se suelen manifestar en los párpados o en los brazos como ligeras sacudidas. Normalmente son reflejas, es decir, hay algo que las produce, en los niños con Síndrome de Dravet el sol, los cambios de luz, las luces parpadeantes o simplemente el paso de la luz por las hojas de los árboles las pueden producir. Además si no se para el estímulo se puede producir una crisis generalizada, que necesitará tratamiento para que pare. Por eso Natasha lleva las gafas de sol.
Además la falta de sentido del temor o de miedo hacen que los niños nos sean conscientes del peligro. Estos niños se pasan todo el rato en el parque subiéndose a los columpios en las zonas peligrosas, se pueden acercar a un perro ladrando y meter la mano en la boca sin ningún miedo. Por no decir que pueden irse con cualquier extraño que les de la mano.
Karina seguro que tomó esta foto con todos estos miedos presentes. Imaginaros la angustia de estar en el parque y estar pendiente de todos estos peligros. Los padres no dejamos de observa a los pequeños. Es imposible disfrutar del momento o de tener una conversación con alguien. Somos vigilantes perpetuos.
Y lo peor de todo es que un ambiente tan estimulante, con tantos factores de riesgo, es un calda de cultivo para las crisis. Todos los padres hemos tenido una en un parque. El Síndrome nos ataca en los lugares donde somos más vulnerables.
Las mesas de picnic suelen ser los lugares donde te tomas la merienda, un bocadillo o un sándwich. Pero también puede ser una camilla improvisada. Natasha tiene colocada una mascarilla de oxígeno. Cuando sobreviene una crisis hay un aumento de la frecuencia cardiaca y problemas de ventilación. La saturación de oxígeno baja y puede ser un factor de riesgo. Los padres de Natasha van a todos los lados con la botella de oxígeno, los medicamentos de rescate para las crisis, un termómetro, un pulsioxímetro, antiinflamatorios, antitérmicos y alguna cosa más. Todo un equipo médico ambulante.
Cuando salgáis al parque con vuestros pequeños, preocupados si vuelven con la ropa sucia, si no se han comido la merienda o si tienen una pequeña herida, disfrutad del momento. Ver a los niños disfrutar sin temores, descubriendo el mundo sin miedos es un regalo que el día a día quizás no os deje saborearlo en su justa medida.
Pensad que hay otros padres para los que salir al parque es un acto de valentía infinita. Y sólo lo hacemos por intentar normalizar una vida que no es para nada normal.
Gracias Karina y Daniel por dejarme usar las fotos de Natasha. Natasha es una niña de tres años que vive en Atlanta (Estados Unidos) que tiene Síndrome de Dravet. Sus padres son increíbles, como todos los padres de niños con Síndrome de Dravet.
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